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RESUMEN:
Europa atraviesa una crisis más profunda que la política o la económica: una crisis del logos, de la razón y del significado de las palabras. Conceptos como dignidad, derechos humanos, libertad, familia o desarrollo han dejado, según el cardenal Robert Sarah, de expresar realidades objetivas para convertirse en conceptos instrumentales que esconden intereses políticos.
Desde esa perspectiva, Sarah critica que la Unión Europea vincule sus políticas de cooperación y financiación a la aceptación de determinadas posiciones sobre el aborto, la ideología de género y la educación sexual. Considera que esta práctica constituye una forma de colonización ideológica que vulnera la libertad religiosa, la soberanía cultural de los pueblos africanos y su derecho a desarrollar sus propias instituciones conforme a su tradición moral y jurídica. Frente a ello, defiende el respeto a la vida, la familia y la libertad de conciencia como principios universales que no deberían quedar subordinados a condicionamientos políticos o económicos.
África es presentada no sólo como destinataria de ayuda, sino como un continente capaz de ofrecer a Occidente el testimonio de la verdad, de una fe viva, una sólida cultura familiar y una comprensión de la dignidad humana que Europa corre el riesgo de perder.
ABSTRACT
Europe is undergoing a crisis that runs deeper than politics or the economy: a crisis of logos, of reason, and of the meaning of words. Concepts such as dignity, human rights, freedom, family, and development have, according to Cardinal Robert Sarah, ceased to express objective realities and have instead become instrumental concepts that conceal political interests. From this perspective, Sarah criticizes the European Union for linking its cooperation and funding policies to the acceptance of certain positions on abortion, gender ideology, and sex education. He considers this practice a form of ideological colonization that violates religious freedom, the cultural sovereignty of African peoples, and their right to develop their own institutions in accordance with their moral and legal traditions. In response, she defends respect for life, the family, and freedom of conscience as universal principles that should not be subordinated to political or economic constraints.Africa is presented not only as a recipient of aid, but as a continent capable of offering the West a witness to the truth, to a living faith, a strong family culture, and an understanding of human dignity that Europe risks losing.
